viernes, febrero 13, 2015

En un sistema de partidos, lo democrático es el sistema, no el partido

He participado en partidos políticos en España y el Reino Unido y la realidad es que como afiliado no pintas nada en las decisiones que se toman. Votas con la tasa de afiliación, que puedes retirar en cualquier momento, y puedes votar a veces al candidato o al Secretario General, que es algo absurdo cuando la doctrina generalizada es que para ganar elecciones es mejor no hacer caso a la militancia. Pero influir realmente en la política del partido, a menos que seas estudiante o jubilado y tengas tiempo para meterte en esas batallas, está fuera del alcance de las llamadas 'bases' del partido. Reconozcámoslo. Pertenecer al PP, al PSOE, etc. es algo similar a unirte al Club de Kellogg's. Te defines en función de los valores del partido, no esperas a que el partido se defina en ti.

En este contexto, ¿por qué alza los brazos tanta gente con gesto de estupefacción cuando el ejecutivo de un partido decide destituir de manera fulminante a la dirección de una agrupación local? Los partidos son máquinas de ganar elecciones, y cuando pierden esa capacidad su única misión es perder. Como medios de comunicación, si se alejan de los valores de su militancia, perderán apoyos, suscripciones, votos, todo lo que tu quieras. Pero si al menos ganan elecciones y hacen lo suficiente para mantener leales a sus simpatizantes, sobrevivirán.

Ante esta realidad, indignarse porque toman decisiones sin pedir previamente un voto es cuando menos ingenuo. Los militantes, guste o no, están allí para trabajar, para cumplir rigurosamente el guión, para difundir los 'mensajes' del partido y para convencer a los votantes para que te apoyen.

¿Y quién lo hace mejor? ¿Podemos, con sus asambleas que son mero maquillaje para que luego el eje Iglesias, Monedero, Errejón decida todo en petit comité? Los partidos son organismos jerarquizados con unos jefes que van rotando pero rara vez dan el brazo a torcer. La disciplina, para que tengan éxito, tiene que ser militar para evitar titulares sobre batallas, conspiraciones o 'luchas entre familias', que es algo que, por cierto, sólo he encontrado en España y que suena a algo de El Padrino.

En este contexto, ¿dónde queda la democracia? Pues, en que haya muchos partidos, en que cualquiera pueda crear el suyo, desarrollar su programa y buscar apoyos; en que haya elecciones democráticas cada cuatro o cinco años; en que haya instituciones que garanticen el equilibrio entre fuerzas y el respeto al ordenamiento jurídico; en que las leyes definan claramente los derechos y los deberes de los ciudadanos y eviten que se aplasten las libertades de los que están en minoría...

Para eso está la democracia. Para que sea el ciudadano el que tome la decisión final. Pero insisto, me refiero al ciudadano y no al militante o afiliado. Estos no deberían volverse demasiado sentimentales. Si están donde están es porque apoyan a la causa a la que se apuntado. Y si eso cambia, se pueden ir. Peor es estar en un país donde haya un sólo partido y no tengas a donde acudir. Aquí hay muchas vías para expresar el descontento que no pasan por obstinarse en cambiar la dirección de una máquina que ha tomado un rumbo contrario al tuyo. A pasar página, y a volver a empezar.

Es más, me dan miedo los partidos que intentan ser demasiado democráticos, 'escuchar' demasiado, o imitar los sistemas de decisión de los sistemas democráticos. Porque en ello reside el objetivo de perpetuarse en el poder, sustituir el Estado por el Partido y excluir el Ciudadano de las decisiones sobre lo público en beneficio del militante o el afiliado. Mejor que los partidos sean imperfectos, porque los que intentan ser perfectos fácilmente nos pueden conducir a algo mucho peor. Como el 'Socialismo Democrático', por ejemplo. ¿A qué suena eso? Los partidos representan intereses. Cuando te dejen de interesar, no llores. Vuelve a definirte, y sigue adelante.