miércoles, junio 04, 2014

Un país feudal en todo menos en nombre

Tras el anuncio de la abdicación del Rey Juan Carlos, me surge la duda de quién es realmente nuestro Jefe de Estado. Me refiero, ante todo, a su categoría social y su posición en la sociedad española.

La pregunta es importante porque la respuesta podría ayudar a explicar por qué ha tenido que abdicar y sobre todo, por qué justificó su abdicación como el 'sine qua non' del cambio generacional en España.

La Reina de Gran Bretaña, que ha tenido sus crisis pero actualmente disfruta de un gran prestigio social, desde luego, se ha logrado situar por encima no sólo de las batallas políticas sino también de los cambios que han tenido lugar en la sociedad a lo largo de su reinado. Se debe a que la institución monárquica británica cuenta con una fuerte separación del resto de los poderes de la sociedad. El país se transforma, los gobiernos van y vienen y la Reina tiene la obligación de asumir, y hasta interiorizar esos cambios. Observar la monarquía británica desde fuera es algo parecido a seguir las telenovelas, Eastenders o Coronation Street. Los personajes, los valores y los paisajes cambian año tras año, pero la marca y la identidad básica sigue siendo la misma. Según la particular versión del 'storytelling' a la que recurren los responsables de comunicación de la casa real británica, en el siglo XXI Isabel II es fan del iPod, el iPad y el iPhone y entiende perfectamente las preocupaciones de las nuevas generaciones del Reino Unido, entre ellas la gran cantidad de inmigrantes que componen un país tan diverso y multicultural. (No tanto su marido, famoso por sus meteduras de pata pero la Reina siempre ha sabido mantener el tipo).

En cambio, en España la figura del Rey no ha logrado la misma separación, hasta tal punto que su llegada al trono de alguna forma personificó la llegada al poder de la generación que acabaría liderando la transición española. La suerte de los fundadores de periódicos como El País, los que hoy siguen siendo los grandes empresarios españoles, y en definitiva, el conjunto del 'establishment' político y económico de nuestro país ha estado siempre estrechamente ligada a la del monarca. La vida del rey  antes de alcanzar la jefatura de Estado se asemejaba, además, mucho más a la vida de estos otros personajes que a la de un aristócrata tradicional. Por ello, su capacidad de identificarse y hacer gala de esa tan famosa 'campachanería' ante sus 'barones plebeyas'. Y no es por nada que la caída de la reputación de la familia real esté ligada a la del resto de las instituciones de nuestro país. Todas están compuestas del mismo tejido.

Mientras tanto, hoy por hoy el 50% de los jóvenes están en paro y llevan años criticando las dificultades de arrebatar una parte del poder a la generación de la transición. Pues, parece que todos los estamentos están controlados por personas cercanas al Rey, tanto físicamente como desde la perspectiva de sus valores. En este contexto, la afirmación de Juan Carlos de que su abdicación fue motivada por la necesidad de abrir paso a una nueva generación sólo parece avalar la tesis de que para que caigan el resto de los dominós y pueda empezar un traspaso de poder a las nuevas generaciones, el primero que tiene que marcharse y dar ejemplo es él.

Eso en el Reino Unido sería imposible. Que la Reina siga viviendo hasta los 100 años, salvo para su hijo, da un poco igual. La sociedad seguirá cambiando, Isabel II aparentará ser siempre moderna a pesar de su edad, y se reunirá con los 'celebrities' de todas las generaciones, sin sentirse ligada más a unos que a otros. Mientras tanto, en España, Felipe VI encarnará la llegada al poder de una generación que hoy tiene entre 40 y 50 años y que seguirá envejeciendo junto a él, al igual que el resto de las instituciones del país. Mientras tanto, los que hoy tienen entre 20 y 40 años gritarán en las calles para que ellos finalmente tengan el trato que merecen. Tristemente para ellos, la Infanta Leonor sólo tiene 8 años por lo que, de momento, tendrán que esperar.

Parece que a pesar de ser una monarquía constitucional, la estructura de la sociedad española sigue siendo básicamente feudal, los barones siguen chupando de la misma teta, y hasta que se acabe la leche no habrá posibilidad de pasar página y afrontar los nuevos retos de un mundo que avanza a un ritmo  vertiginoso. El Rey lo ha entendido y ha actuado, pero no debería ser así.