viernes, enero 27, 2012

¿Cómo financiar un proyecto periodístico en 2012?

El proceso de transformación que le toca a la prensa tras la revolución de Internet y la rápida desaparición del papel no va a permitir la rentabilidad a corto plazo. De ello estoy cada vez más convencido. Los diarios hace tiempo que dejaron de ser la plataforma publicitaria por excelencia, pasando el relevo a buscadores como Google y posteriormente a redes sociales como Facebook o Twitter, que ocupan el centro de la actividad de los consumidores en Internet. Los medios online son un mero apéndice a estos grandes distribuidores de contenidos y no van a generar de un día para otro las ingentes cantidades de dinero que serían necesarias para que se realizaran trabajos de periodismo investigativo a la altura de los que hicieron famosos profesionales como Carl Bernstein o Bob Woodward.

Internet ha canibalizado por completo el negocio periodístico y en cierta medida es necesario volver a inventar la rueda. Sin embargo, la revolución de Internet es un fenómeno mucho más complejo que las transformaciones que la procedieron. La mecanización de la imprenta fue un hito enorme para el desarrollo de la prensa que permitió establecer un modelo de negocio que duró un montón de años, generando riqueza para los grandes magnates de la comunicación. Sin embargo, con Internet, aunque habría que ser ciego o estúpido para no reconocer que lo transforma todo, seguimos sin saber con qué herramientas jugamos. Cada año el entorno online vuelve a evolucionar, aparecen nuevas aplicaciones, se transforma el uso que hacemos de las redes sociales, se demuestra la inviabilidad de montones de negocios mientras unos pocos de repente ven la luz y logran obtener beneficios, aunque siempre menores de los que desean los analistas. En este contexto, hablar de encontrar la piedra filosofal es una actividad –perdónenme la redundancia- más filosófica que real.

Ante esta realidad, sólo veo dos opciones alternativas para rentabilizar el negocio de los medios, que en resumidas cuentas, son: 1. La filantropía y 2. El crowdfunding.

En relación a la segunda opción, el diario Público ya ha iniciado un interesante experimento con el fin de intentar salvarse tras entrar en concurso de acreedores nada más iniciarse el nuevo año. Ya veremos si sus lectores, o por lo menos algunos de ellos, están dispuestos a contribuir su dinero para sostener un proyecto de periodismo independiente, que si tuviera éxito podría servir como ejemplo para muchos más. Veo el crowdfunding como una opción viable para algunos casos muy específicos en los que exista una gran demanda social para la supervivencia de un determinado proyecto periodístico que no sería viable sólo a nivel comercial. Además del caso Público, está el de Periodismo Humano, que permite a sus lectores convertirse en socios si pagan una cuota anual de 50 euros a cambio de nada más que la sensación de estar colaborando con una causa positiva. No sé cómo les va, quizás algún lector de este blog sea capaz de aportar algún dato al respecto. Sin embargo, mientras este modelo puede, quizás, funcionar para la prensa generalista, no sé hasta qué punto serviría para la especializada si no quiere perder su independencia.

La primera opción también tiene sus debilidades. Históricamente, algunos de los magnates más importantes de la comunicación se dedicaban a la impresión de periódicos casi exclusivamente como una afición que les diera prestigio que les facilitara el acceso a negocios más lucrativos. Rupert Murdoch declaró ante el Parlamento británico que su negocio en el Reino Unido sólo representaba una parte muy pequeña de su negocio internacional. Sin embargo, ser propietario de The Times le aportó credibilidad y sirvió de plataforma para adoptar una posición hegemónica en los medios anglosajones. El escándalo de las escuchas en el News of The World, en cambio, hace peligrar el futuro de todo su imperio.

También en el Reino Unido, en 2010, el empresario ruso, Alexander Lebedev, adquirió The Independent, salvando así un proyecto periodístico en perpetuo riesgo de terminar en tragedia. Aseguró que no se metería con la línea editorial del periódico ya que su principal objetivo era ganar reconocimiento y credibilidad en el mercado británico y europeo. Sin embargo, es difícil creer que un periódico de su propiedad vaya a publicar algo que perjudique directamente a sus intereses empresariales.

Seguramente también hay otros modelos alternativos pero para descubrirlos es necesario experimentar, y para experimentar se necesita capital. En 2011, en medio de una grave crisis global, lo que más necesita el negocio periodístico no son bancos o accionistas que exijan rentabilidad a corto plazo sino el apoyo de personas y organizaciones solventes dispuestas a arriesgar, y sobre todo a dejar que otros arriesguen con su dinero, experimenten, innoven y busquen maneras originales para generar información de calidad y presentarla en un formato lo suficientemente atractivo como para conquistar las nuevas audiencias online. Sólo en España, miles de periodistas están por la labor. Lo único que les falta es alguien que les pague un buen sueldo.