sábado, diciembre 10, 2011

La miopía liberal–conservadora hunde al Reino Unido


La tónica siempre es la misma. Cuando Europa avanza, el Reino Unido se aísla. Pero esta vez es más dramática. ¡Y qué cambio ha pegado el Reino Unido en este año y medio de gobierno de coalición entre un partido conservador que se escindió del Partido Popular Europeo (PPE) para aliarse con partidos extremistas del este de Europa y un partido liberal que ha sacrificado todos sus principios con tal de participar en el Gabinete, pero sin ejercer ningún poder real! Qué difícil es recordar que hace tan poco tiempo teníamos en Gordon Brown un primer ministro que, a pesar de su oposición a la entrada en el euro, viajaba por Europa y el mundo sin descanso para defender los intereses de su país y para apagar los fuegos de la peor crisis financiera desde los años ’30. Pero es justo ahora cuando más necesitamos un líder.

Por lo menos los liberales, al principio, daban un poquito de pena. El país claramente deseaba un cambio de gobierno y para conseguirlo, al partido de Nick Clegg no le quedó otro remedio que aliarse con un partido conservador que se situaba a años luz de él ideológicamente. Pero ahora incluso esa simpatía se esfuma cuando, mientras se hunde el Titanic, la orquesta liberal demócrata sigue tocando. Y es que da igual cómo se mira. No importa si estás a favor o en contra del nuevo acuerdo al que han llegado los otros 26 estados miembros de la Unión Europa. La negociación por parte del Primer Ministro, David Cameron, ha sido, desde todos los ángulos, nefasta. Si ni siquiera le han apoyado sus amigos los húngaros.

En los ‘90 teníamos a John Major, el hijo humilde de un director de circo, que luchaba para mantener unido a un partido profundamente dividido entre europeístas y anti-europeístas. Ahora tenemos a Cameron, un hombre de sangre azul, transformado en director de circo, que antaño trabajaba de Director de Comunicación enchufado en una productora de televisión mediocre que había llegado a tener relevancia en la sociedad británica sólo gracias a otro enchufe; el de la anterior premier, Margaret Thatcher. Parece que su estrategia de negociación la aprendió viendo la película, ‘12 Hombres sin Piedad’, pero no se dio cuenta de que en la Cumbre Europea no son 12 sino 27, que se enfrentan a la crisis más grave que ha conocido la Unión Europea y la moneda única, y quieren salir de ella aún si eso implica mostrar un poquito de piedad, o por lo menos pragmatismo. Sería de chiste si no fuera que ayer a últimas horas de la noche este moderno y eurofóbico David contra Goliat seguía negociando con España para que le apoyara en su conspiración contra el pacto para salvar el euro. Pero, ¿no sabía que en ese mismo momento Mariano Rajoy estaba negociando con Alemania y con Francia para que éstos le admitieran en el núcleo duro de cuatro países de la zona euro con opción de veto sobre los planes de rescate del Banco Central Europeo?¿Quién asesora a este hombre? ¿Se limita a leer el Daily Telegraph?

Sólo se me ocurren dos posibles respuestas. Tal vez, de pronto haya decidido quitarse la máscara de moderado que todo el mundo sospechaba que era falsa desde que, como colaborador de Michael Howard, Ministro de Interior en el Gobierno de John Major, escribía panfletos en contra de la continuidad del Reino Unido en la UE. El desenlace natural de esta pataleta sería la salida definitiva de Gran Bretaña de la UE. ¿Será lo que de verdad quiere, aunque no se atreve a admitirlo en público? ¿O simplemente se encuentra arrinconado por los eurofóbicos provincianos de su partido – los que prefieren pensar que el que está aislado no es el Reino Unido sino el resto de Europa – y le falta la grandeza para poner el interés común por encima de su interés particular?

Lo que está claro es que pase lo que pase con el interés particular de Cameron, su país va a estar peor y ses amis européens difícilmente se lo van a perdonar.  Dirá que su único interés era defender el poder financiero de la City de Londres contra las regulaciones de Bruselas y Frankfurt pero, ¿qué le iba a servir tener una City fuerte si Europa se hundiera debido a la falta de decisión de sus políticos? ¿Y cómo va a mantener el poder y la influencia que, supuestamente, tiene ahora el Reino Unido en el mundo si Gran Bretaña se aleja cada vez más del núcleo duro de la Unión Europea?

Cameron tenía un objetivo. Tenía que defender el interés de su país. Un país que en los últimos años ha visto desaparecer su tejido industrial y que depende cada vez más de unos servicios financieros que crean riqueza para unos pocos mientras en el resto del país se malvive con el alcohol, la violencia y el salario mínimo. Pero lo único que se le ha ocurrido es mostrar la habitual intransigencia de los falsos patriotas que dicen que añoran los tiempos cuando su país ejercía el poder de verdad, y que con su testarudez lo único que consiguen es asignarnos a los anales de la historia.

Desde que gobierna David Cameron, ha aumentado el paro, el crecimiento se ha detenido y el Reino Unido está cada vez más aislado internacionalmente. Vamos, lo mismo que advirtió su antecesor en los debates electorales de 2010. Por lo menos alguien acertó en sus previsiones. Y lo más triste es que el liberal, Nick Clegg, a sabiendas de que si hubiera elecciones mañana su partido se enfrentaría a la mayor derrota de su historia, no se atreve a cuestionar la política suicida de su amigo y mentor.