domingo, mayo 18, 2008

Post Olímpica: 10 maneras de impulsar la excelencia deportiva en Madrid

Madrid aspira a ser olímpico. Propongo que esa aspiración vaya más allá del deseo del actual alcalde de dar un impulso al sector de la construcción en el momento de su declive, y que también se aproveche la ocasión para promover el deporte en la ciudad. Por lo tanto, siguen mis 10 propuestas para que Madrid no sólo sea sede olímpica, sino que sea una de las mejores ciudades del mundo para practicar deporte, y ¿por qué no? para que algunos de sus ciudadanos se coloquen alguna que otra medalla:

1) Promover la práctica de deportes de competencia en los colegios y los institutos, proporcionando las instalaciones y el material deportivo necesarios, así como suficientes horas de la semana dedicadas al deporte.
2) Dar mayores facilidades a la población para practicar deporte en un horario compatible con su trabajo. (Actualmente la mayoría de los centros deportivos madrileños sólo abren en horario laboral de manera que la mayoría de los contribuyentes de la ciudad tienen que acudir a centros privados, muchas veces más caros, más pequeños, y más lejos de su casa o su trabajo).
3) Mejorar la calidad de las instalaciones. Los vestuarios de los polideportivos madrileños son generalmente pequeños, y algunas veces se limpian con menor frecuencia que los suelos de la tasca de la esquina. Las instalaciones, sobre todo en el centro son pequeñas y anticuadas.
4) Democratizar los precios. Actualmente un bono de 10 sesiones en los polideportivos municipales cuesta 35,70€. Teniendo en cuenta que se recomienda practicar deporte como mínimo 3 veces a la semana (entre 12/14 veces al mes), el precio medio por usuario por mes ronda entre los 42 y 50 euros. Más cara que la prima mensual de la sanidad privada, y por lo tanto fuera del alcance de muchos ciudadanos.
5) Aumentar los espacios para la práctica del deporte libre: Asumámoslo. Ir a clases organizadas en un horario cerrado no es una opción realista para muchos ciudadanos que trabajan con una jornada 'flexible' y tienen cada vez menos flexibilidad para el ocio y el deporte. Encontrar, por ejemplo, que en una piscina municipal, sólo hay una calle libre para uso público, y que hay que compartirla con 10 nadadores, da poca muestra del supuesto olimpismo del capital de España. Aún más cuando las tarifas de la natación libre son más altas que las de las clases...
6) Pongámonos al nivel de Francia. Cuando estuve en Montpellier hace pocos años me impresionó la calidad de las instalaciones públicas, muy asequibles y con un nivel muy superior de la mayoría de los clubes privados madrileños, sin mencionar a los públicos. O al nivel de otras ciudades españolas como Barcelona, con instalaciones de excelencia, y no sólo por ser antigua sede olímpica. No paran de construir más y mejores instalaciones.
7) Respetar las instalaciones existentes. Sólo hay que ver las imágenes de las canchas del Polígono de África y de Salvador de Madariaga en el distrito de Ciudad Líneal, publicadas hace poco en el blog de Chus Greciet para entender la poca seriedad con la que el ayuntamiento trata el deporte madrileño.
8) Permitir la práctica del deporte durante todo el año. Actualmente todas las piscinas de natación de la ciudad cierran en el mes de agosto, y muchas también en el mes de julio, justo en el periodo en el que más gente se anima a practicar deporte. Sólo abren las grandes playas urbanas, que no son aptas para la práctica de natación como deporte.
9) Promover el ciclismo. En Londres, muchas empresas cuentan con vestuarios y duchas para permitir a los trabajadores refrescarse después de llegar al trabajo en bicicleta. Podrían dar ejemplo aquí, empezando con las consejerías y edificios municipales. Claro está, tampoco estaría demás construir algún carril ciclista y reducir espacio para los coches, para que Madrid parezca menos a la Ciudad de México, y más a una ciudad europea.
10) Ayudar a compatibilizar el trabajo con el tiempo libre. Ya está demostrado que trabajar 12 horas al día no hace nada para la productividad del país. Persuadir a los empresarios para que den pausas suficientes para que sus trabajadores practiquen deporte, (¿quizás a cambio de menos tiempo para salir a fumar? :-)), sería una excelente medida para mejorar la salud y la deportividad de los madrileños.

viernes, mayo 16, 2008

Matar murciélagos a torpedazos

Según la OJD, El País tiene una difusión de 435.083; El Mundo, 336.286; y ABC, 228.158. Si calculamos que cada ejemplar lo leen por promedio 3 personas, parece que el primero tiene más de 1.000.000 de lectores diarios, y los siguientes superan ampliamente el medio millón.

De todas formas, ¿qué utilidad tienen realmente estos datos? Si publico un anuncio en la página 17 de El País, ¿me sirven estos datos para saber cuantos lectores verán el anuncio, y cuantos de éstos entrarán dentro de mi target?

Los buscadores de Internet-, y aquí declaro un interés porque es el sector para el que trabajo-, ofrecen herramientas cada vez más sofisticadas que permiten saber cuántos usuarios visitan una página determinada, cuántos de éstos pinchan sobre un enlace publicitario, etc. Son datos muy útiles para los anunciantes que sólo tienen que pagar en función de la efectividad de la campaña, y el coste por clic. En el futuro, se extenderán también soluciones como la Segmentación por Comportamiento, que permiten dirigir mensajes exclusivamente a aquellos internautas que expresen interés por un producto determinado mediante el análisis de sus hábitos de navegación por la Red.

De todas formas, en el caso de la prensa diaria, seguimos sin saber con precisión el número de lectores de una página determinada. ¿Cuántas personas realmente leen las cartas al director o la tercera página de la sección de Sociedad?

Podemos hacer estimaciones, y en el caso de los primeros 3 diarios, la cifra seguirá siendo importante. ¿Pero tanto para pensar que se trata de la mejor forma de llegar a nuestras audiencias? Allí lo empiezo a dudar. La gente de entre 18 y 35 años, que para muchas empresas son precisamente su principal audiencia, lee cada vez menos prensa escrita. Y dudo que la mayoría de los que sí la lean, la lean con la profundidad con la que se leía hace unos años. Ser suscriptor de un periódico no quiere decir que lo leas de principio a final. Un gran número de lectores leerá sólo la portada, la última página, quizás la sección de deportes, tal vez las primeras dos páginas de las secciones nacionales e internacionales. Poco más, a veces mucho menos. El resto de las noticias las buscarán en Internet en los momentos muertos a lo largo del día. A veces, para saber hasta qué punto ha cambiado la sociedad, basta mirar tus propios hábitos. Y por lo menos en mi caso, un periódico impreso no es el mejor medio para transmitirme un mensaje de ningún tipo.

¿Y por qué son importantes estas observaciones? Precisamente porque muchas empresas siguen pensando que lo importante es el volumen de lectores, y que por ello todavía no es el momento de aumentar su inversión en publicidad a través de un canal tan fragmentado como Internet. Personalmente, creo que están equivocados, y dudo mucho que una página intermedia de un periódico impreso tenga muchos más lectores que una página equivalente de un medio online, o de unos cuantos blogs de primer nivel. Pero lo que es más importante es que para las empresas que busquen vender sus productos a un público joven, invertir en prensa escrita es peor que matar moscas a cañonazos. Es matar murciélagos con torpedos. Los departamentos de marketing tendrán sus legítimas dudas sobre un medio tan novedoso como Internet, pero si no aprenden a aprovecharlo, algún día tendrán que pagar por semejante derroche de recursos.

domingo, mayo 04, 2008

La canción de la T5 (de Heathrow)


La inauguración desastrosa de la Terminal 5 de Heathrow en Londres ha provocado la indignación de numerosos pasajeros que vieron cómo desaparecían sus maletas, llegaban a su destino sin ropa o porque simplemente se cancelaban su vuelos.

Como no podía ser de otra manera, se han proliferado los vídeos virales con publicidad negativa sobre la nueva terminal. British Airways se ha disculpado. El propietario del aeropuerto, Ferrovial... ha echado la culpa a British Airways.

"Contra las Comisiones Bancarias Abusivas"

El director de una entidad cualquiera

En los últimos meses, las entidades bancarias españolas que integran Servired han aumentado las comisiones por disponer de efectivo en hasta un 100%, en muchos casos sin avisar a los clientes de este cambio.

Cobrar una comisión a un cliente de su propia red ya era una práctica abusiva, si existen estas redes precisamente para que los clientes puedan disponer de efectivo en cajeros de otros bancos sin tener que pagar una comisión.

Hace unos años los bancos británicos, que nunca habían cobrado comisiones por sacar dinero de los cajeros de su red, intentaron introducir la misma política pero al final se echaron para atrás después de una gran campaña en su contra realizada en parte a través de Internet.

Mientras tanto, en España se siguen cobrando comisiones no sólo por disponer de nuestro efectivo, sino por el solo hecho de tener una cuenta. Es decir, si el banco nos presta dinero pagamos una comisión. Y si nosotros prestamos dinero al banco, también pagamos una comisión. ¿Dónde está la justicia en eso? ¿De verdad somos tan imbéciles?

Así mismo, los bancos nos cobran comisiones anuales por servicios tan básicos como disponer de una tarjeta de débito o por recibir publicidad por correo postal.

Los bancos españoles toman a sus clientes por tontos precisamente porque al revés de lo que pasa en otros países, nos quedamos con los brazos cruzados ante semejante despropósito.

Ha llegado el momento de unirnos en defensa de los derechos de los clientes, para que los bancos terminen de una vez con esta monumental estafa. Los consumidores también tenemos derechos, aunque estemos en España.

Para apoyar esta campaña, únete al grupo de Facebook "Contra las Comisiones Bancarias Abusivas".

sábado, mayo 03, 2008

Los peores 'pies' de Londres

Me ha hecho reír mucho este vídeo sobre las peores experiencias de la comida londinense. Vendrán tiempos mejores.

viernes, mayo 02, 2008

Ken Livingstone, ¿el fin de un mito?

Ken, el Rojo, iba al trabajo en metro


Ken, el Rojo, Livingstone era en los años 80 la última esperanza de una izquierda británica derrotada por una Margaret Thatcher que había llegado al poder con su doctrina de capitalismo salvaje, privatizaciones, transformación económica sin diálogo social, y su falso nacionalismo basado en llevar el país a guerras innecesarias con el fin de desviar la atención de los votantes mientras se ocupaba de desmontar la res pública, destruir el sistema educativo, cerrar los hospitales, y acabar con la industria minera de una manera tan rotunda e inmediata que sumaría a la mitad del país en largos años de pobreza y desempleo.

Mientras tanto, al otro lado del río Támesis, frente al palacio de Westminster y el parlamento británico, el jefe del Ayuntamiento del Gran Londres (GLC), Ken Livingstone, colgaba banderas rojas del County Hall (la antigua sede del ayuntamiento, ahora el acuario de Londres), diseñaba pasteles gigantes de papel maché para celebrar el aniversario del ayuntamiento, otorgaba puestos políticos a homosexuales e inmigrantes, y participó en una lucha sin cuartel a favor del desarme nuclear. Poco a poco se construía un mito en torno a sí como el enemigo en solitario del thatcherismo. Servía como recordatorio de que mientras el conjunto del país se giraba más y más a la derecha, Londres se mantenía como el último bastión de la resistencia.

Ken Livingstone y la Doncella de Hielo en The Comic Strip

La sra. Thatcher, con sus ¿impecables? credenciales democráticas, y su autoritarismo de hierro, incapaz de aguantar la impertinencia de un alcalde de otro partido, decidió acabar no sólo con él, sino con todo el Ayuntamiento. Años después, un grupo de cómicos británicos liderados por Robbie Coltraine, Dawn French, Rik Mayall, Adrian Edmondson y Jennifer Saunders, inmortalizaría la figura del Rojo Ken y su batalla contra la ‘Doncella de Hielo’ en la parodia televisiva, The Comic Strip, estableciendo un lugar para el ex alcalde, con su curiosa afición por criar tritones, en el imaginario colectivo de los británicos.

Londres pasaría a ser gobernado exclusivamente por las juntas de distrito descentralizadas, con cada vez menos poder para fijar impuestos, y aún menos capacidad para legislar. Thatcher prosiguió su camino centralizador, ya sin oposición, y fue cerrando todos los servicios municipales que quedaban en la capital británica. Era famosa la pista de patinaje sobre hielo de Richmond, donde de pequeño veía a la pareja mítica, Tourville y Dean, alcanzar el estrellato deportivo. Thatcher la cerró. Iría a nadar con el colegio en el gran complejo deportivo de Richmond, con toboganes de agua incluidos. También lo cerró. Cualquier cosa que sirviera para aportar algo a la calidad de vida de los londinenses, era eliminada por una primera ministra que odiaba todo lo público con una pasión ideológica sólo superable por la actual presidenta de la Comunidad de Madrid. (No sólo dejó caer en abandono el metro de Londres – no viajaba nunca en tren y decía que cualquier persona que seguía utilizando el autobús con más de 26 años podía considerarse un fracasado – también resistió durante años los planes de construir un túnel ferroviario por debajo del túnel de la mancha, empeñada en que fuera sólo para coches).

Los años posteriores los recordaremos sobre todo los que los vivimos en primera persona. La Margarita duró en el poder hasta el año 1992, sustituida por John Major tras ser derrotada por su propio partido. 5 años más tarde ganaría el poder por una mayoría apabullante, el laborista de nombre poco proletario, Anthony Charles Lynton Blair.

Una de las primeras acciones del flamante primer ministro fue restaurar la alcaldía de Londres, esta vez con un alcalde directamente elegido, pero con muchos menos poderes que la anterior. Ken, el Rojo, que en los años anteriores se había limitado a participar como invitado especial en concursos de televisión, vio su oportunidad de recuperar el poder londinense. Blair no lo quería. Se había empeñado tanto en transformar la imagen de su partido y de llevarlo a rastras hacia el centro del arco político, que no estaba dispuesto a permitir que una persona que consideraba ‘radical’ y ‘del pasado’ volviese a otorgarse el protagonismo político que supondría ser alcalde de Londres. Manipuló las elecciones primarias de su partido, otorgando sólo el 33% de los votos a los afiliados y el resto a los diputados y los sindicatos. Ken perdió pero no se rindió, presentándose como candidato independiente previa expulsión del partido laborista, y unos meses después venció en las primeras elecciones para la alcaldía con una mayoría aplastante.

La popularidad de Ken era imbatible. Se construyó su feudo en el nuevo ayuntamiento de Londres, un imponente edificio de vidrio con forma no de tritón sino de ameba, a unos cientos de metros del museo Tate Modern. Tenía en realidad pocos poderes, limitándose estos principalmente a la gestión del transporte, pero en poco tiempo inventó la medida tan controvertida como exitosa, de cobrar un canon de 7 libras al día por entrar en coche al centro de la ciudad. El dinero ganado se invertiría en renovar por completo el parque de autobuses municipales, y en mejorar el transporte público. Peatonalizó la Plaza de Trafalgar, lanzando una guerra sin tregua contra las palomas; estableció la gratuidad de los museos y se opuso a los planes del gobierno central de privatizar el metro de Londres. Era tan popular que a Blair no le quedó otro que readmitirle en el partido. 4 años más tarde volvería a ganar, esta vez como candidato laborista.

En los 4 años siguientes, tampoco defraudó. Consiguió los juegos olímpicos para la ciudad y fue halagado por su reacción espontánea, contundente y apasionada ante la barbarie terrorista de los atentados de Londres. En unas pocas palabras resumió el sentimiento de una ciudad.

Pero reincorporarse al partido laborista también le ha pasado factura. Si, como parece que está a punto de confirmarse, ha salido derrotado en las elecciones de ayer, será en gran parte consecuencia de la impopularidad del actual primer ministro, Gordon Brown. Y cederá paso al impresentable Boris Johnson, el último ejemplo de un político que llega al poder en Europa más por su excentricidad que por su capacidad de gestión o su perfil democrático. Pero el récord de Brown no sería el único motivo del fracaso. Ken, el Rojo, puede ser muchas cosas: un mito, una leyenda, un símbolo de la identidad londinense; pero está lejos de ser un santo. Se le acusa de ser padre de 5 hijos ilegítimos por 3 mujeres distintas, y culpable de numerosos casos de corrupción municipal. Su idealismo de izquierdas le ha llevado a alcanzar cuestionables pactos con políticos tan controvertidos como Hugo Chávez, con el cual firmó un acuerdo para recibir petróleo venezolano para los autobuses a cambio de ayuda social. Se ha perdido los papeles en más de una ocasión acusando una vez a un periodista del medio opositor, Daily Mail, de comportarse como un capo nazi, sólo para descubrir después que el periodista en cuestión era de origen judío. (Nunca se ha disculpado por la metedura de pata). Y se dice de él que es megalómano, tan obsesionado con mantener el poder que antes de ser elegido por primera vez en 2000, advirtió que de no poder presentarse le iba a provocar un sarpullido de la piel.

Pero diga lo que se diga de Ken Livingstone, no deja de ser un político leyendario. Era una figura fundamental en la vida británica durante mis pasados 31 años de vida. Nadie encarna mejor que Ken la idiosincrasia, la rebeldía, el progresismo, y el carácter iconoclasta del pueblo de Londres. Boris Johnson puede ser excéntrico pero ha llegado tan lejos gracias a la campaña de imagen que ha realizado su partido, el Conservador para ocultar su faceta más desagradable. En el peor de los casos será un desastre, y en el mejor un producto del aparato político de su partido. Ken Livingstone era muchas cosas, pero sobre todo era independiente, y mantenía siempre sus convicciones. Hacen falta más políticos europeos como Ken, el Rojo.