lunes, octubre 27, 2008

Microcelebrando


Dos noticias:

1) El hombre más gordo del mundo, el mexicano Manuel Uribe, se casa.

2) El País entrevista a Sofía de Oliveira, una chica de 24 años, famosa por ser.... la usuaria española con más contactos en MySpace: Más de 129.000 en el momento de hacer la entrevista, ahora seguramente unos cuantos más. Según ella, menos de 10 de los cuales realmente son amigos.

Dos noticias, aparentamente poco relacionadas, salvo que se tratan de dos personas que se han hecho famosas no por ostentar un cargo público, o lograr un importante hito humano, sino simplemente porque en diversa medida, llaman la atención.

La primera es más tradicional. Desde hace muchos años el Guinness Book of Records nos ha ayudado a conocer a aquellas personas que por algún motivo, se destacan del resto de la humanidad, bien por sus éxitos, bien por sus desgracias, o bien por el puro azar de la naturaleza. El segundo es el ejemplo moderno, el fenómeno de los 'microcelebrities': Personas que se han hecho famosas a través de Internet, y no siempre porque ellos lo hayan querido, sino porque la comunidad de internautas, o empresas interesadas (en este caso seguramente la propia empresa, MySpace), han decidido, previa autorización del sujeto, hacer público su caso y surfear sobre la publicidad resultante.

Está claro que como táctica de comunicación, resulta bastante más económica que contratar como prescriptor de marca a un Fernando Alonso, a un Rafael Nadal, a un Javier Sardá, y a veces incluso más eficaz. Llama la atención, sale en todos los medios online, en los diarios gratuitos, en la televisión, y la marca se da a conocer sin haberse invertido un duro. Se genera polémica, debates en tertulias de radio, en foros de Internet, en mi blog... La noticia está servida.

¿Pero de verdad es justo este fenómeno? Está claro que la chica se buscaba la fama. Una persona humilde, del barrio de Lavapiés que quería darse a conocer para un día llegar a ser modelo. De momento, nadie ha mostrado su interés. Pero sí ha logrado su primer objetivo, incluso quizás se haya hecho el ridículo, o no. Pero, ¿Deben las empresas incentivar estas prácticas? ¿Cómo recordará la chica este tema de aquí a 20 años? ¿Cómo soportará la fama al salir a pasear por el barrio, de repente convertida en una especie de avatar virtual perdido en el mundo real, mitad Show de Truman, mitad Second fusionada con First Life. Todos somos seres libres pero, ¿Es ético promover que la gente haga las cosas más absurdas con tal de generar publicidad? ¿Cuántos más lo intentarán ante la crisis económica? ¿Es un fenómeno igualitario? ¿Es más fácil sacar a una chica inocente de Lavapiés que a una hija de familia de clase media alta de La Moraleja? Acordémonos de que si esta vez la acción ha sido controlada, mantenida dentro de los límites de la respetabilidad por la empresa que la ha promovido, no siempre es así. Y cuando crezca el fenómeno, ¿a qué estarán dispuestas las empresas con tal de identificar sus propios microcelebrities? ¿Nos meteremos en un mundo de vicio y de explotación en el que las empresas exploten a la gente de la calle para ganar la fama que buscan para sus accionistas? ¿No son capaces de ganar publicidad por sus logros o por hacer algo por la humanidad en vez de pedir que los demás hagan el ridículo por ellos?

No voy a dar respuestas a estas preguntas. No las tengo. Pero creo que por lo menos se deben plantear.