sábado, febrero 16, 2008

La identidad española bajo la bota del PP


El PP habla mucho de la bandera española, de la identidad nacional, y de las amenazas, muchas veces menos reales que imaginadas a la supuesta integridad de la nación española. Siguen sin explicar exactamente en qué consiste para ellos la identidad española, pero viendo lo que han hecho los últimos 4 años, a todas luces para ellos representa valores como la xenofobia, la homofobia, el machismo, el catolicismo integral, y el casticismo institucionalizado.

En 4 años de oposición, el Partido Popular no ha organizado ni una sola manifestación a favor de la tolerancia, el respeto al otro, el estado de bienestar, la solidaridad con los marginados, el medio ambiente, los derechos de los consumidores, la seguridad en el trabajo, los derechos de la mujer, etc. En estos campos ha dejado al gobierno actuar, mientras a nivel del estado, se ha callado, delegando la tarea de minar estos avances a sus acólitos en las Comunidades Autónomas en las que todavía gobierna.

En los años 80, y a principios de los 90, tras 40 pesados años de dictadura, España empezó a significar para muchos, tanto dentro como fuera del país, la libertad, un estado cohesionado, el diálogo político, la modernidad... Los Juegos Olímpicos de Barcelona transmitieron por primera vez la imagen de un país abierto, tranquilo, con ganas de avanzar y de situarse entre los países más avanzados y desarrollados. No voy a decir que no haya seguido avanzando durante la primera etapa de gobierno de José María Aznar: se acabó con la Mili, España participó en misiones de paz, en Bosnia, en Kosovo. Ofrecía un ejemplo de modernización política y de apertura económica. El sistema de sanidad pública era ejemplar en todo el mundo. Los españoles empezaron a ocupar puestos en algunas de las instituciones más importantes a nivel internacional.

Durante el mismo periodo de tiempo, mi país, Gran Bretaña, tuvo que soportar la losa del Thatcherismo, la privatización como fin ideológica, la desaparición de un estado de bienestar que antaño había sido la envidia de medio mundo, y el modelo en el que se basaría el modelo de bienestar español. Todo lo que era el estado, se empezó a privatizar: las empresas privadas empezaron a participar en la gestión de los colegios, el transporte ferroviario se privatizó, se crearon tantas regulaciones que ahora cada vez que el estado quiere invertir en infraestructuras, se encuentra con miles de obstáculos y casi siempre se echa para atrás. El Metro de Londres, el primero del mundo, se ha convertido en una broma por la cantidad de averías, y retrasos que acumula todos los días, de forma continuada en toda la red. Los hospitales no dan abasto. La sanidad pública, a pesar de los esfuerzos en 10 años sucesivos del gobierno laborista de Tony Blair, no se ha podido arreglar en estos tiempos de ideolización de la res privada.

Mis amigos españoles se quejan cuando se van a Londres de que todo funciona mal, de que el transporte es un desastre, y a la vez carísimo... Los que se quedan más de un mes por trabajo se quejan del mal estado de los colegios o de la sanidad. Pero de lo que no se habla es que el PP, poco a poco en España, y sobre todo en la Comunidad de Madrid, intenta hacer exactamente lo mismo. Esperanza Aguirre ideoliza a Margaret Thatcher y quiere copiar todos los males del Reino Unido y aplicarlos a Madrid, y eventualmente a España. La Sanidad ya se está privatizando. Los nuevos hospitales son de gestión privada y se dedican casi en exclusiva a las urgencias, mientras en los demás hospitales se eliminan camas, y se amontona la gente en cola. La administración de los hospitales va de mal en peor, con esperas de meses. La capacidad de diagnóstico en los centros de salud es casi nula obligando a los pacientes a trasladarse a urgencias como último resorte para que les hagan las pruebas necesarias. La confianza en la sanidad se deteriora, y cada vez más ciudadanos optan por lo privado, que ofrece menos prestaciones, peor calidad, pero por lo menos, una buena atención al cliente. Y los que no se lo pueden permitir por sus bajos sueldos, se mantienen en cola.

La nueva ley de dependencia del gobierno socialista tiene que ser aplicado en cada Comunidad Autonómica, pero en Madrid el proceso se retrasa mientras el gobierno autonómico anda en busca de consorcios privados para gestionar un servicio que debería ser público. Boicotea el estado cuando éste intenta crear una asignatura de colegio en la que se enseñen los valores de la Constitución Española, pero luego en plena precampaña electoral, anuncia que echará a los inmigrantes que no se integren con sus valores. Si los valores del PP no son los de la Constitución, ¿cuales son? Volvemos al principio.

Mientras tanto, miles de funcionarios tienen que callarse y sufrir. Cuando la sanidad se resquebraja, la culpa es de los médicos del Hospital de Leganés. Cuando se destapa el mayor caso de corrupción de la historia del Ayuntamiento de Madrid, el Alcalde se niega a asumir responsabilidades, y a cambio propone privatizar la propia administración de la ciudad. Poco a poco se va minando la autoridad de las instituciones, los ciudadanos se hartan y optan otra vez por lo privado.

¿Y en qué quedamos? El estado deja de existir. La identidad nacional y el orgullo patrio ya no existen. La calidad de vida depende sólo del dinero que tienes, mientras las calles a tu alrededor caen en el abandono, se reduce el número de policías - Rajoy fue el Ministro del Interior que más redujo el número de agentes de Policía Nacional, aumenta la inseguridad. Quedamos sólo con la bandera, que el PP iza en cada oportunidad, y preferentemente en manifestaciones junto con los obispos. La identidad deja de significar servicios e instituciones que funcionen, calidad de vida, conviviencia, para retomar el significado del nacionalismo del siglo XIX. ¿Y bajan los impuestos? No. Se siguen cobrando y se gastan en levantar un muro entre los que no tienen y los que sí tienen en el nuevo mundo neoconservador.

Se supone que 'Spain is Different'. Ya he visto como en mi tierra ya no existe una identidad nacional, como nadie se enorgullece de la patria, como los pobres no tienen ninguna esperanza de futuro y quedan en el abandono en barrios marginales, llenos de crimen, y sin siquiera un lugar para jugar. Ya hemos visto en qué se ha quedado la economía estadounidense tras 8 años de experimento neoconservador. Y encima la derecha española que lo aprobó tiene la desfachatez de culpar al gobierno de España cuando la economía española empieza a sentir las consecuencias de la locura transatlántica. Esperemos que España de verdad sea diferente, y que la gente deje de votar ciegamente al Partido del Déjà-Vu. De ello depende la verdadera identidad española.