lunes, noviembre 26, 2007

Madrid es más que un alcalde de derechas

El túnel de la M30, el proyecto Madrid Río, la reforma de la Plaza de Santo Domingo, la nueva plaza de la Cebada... Alberto Ruiz Gallardón se ha ganado la fama de ser el alcalde de Madrid que más obras ha hecho en la historia de la democracia. Y por eso se coloca una medalla. No por la calidad de las obras en sí, sino porque un público pasivo y complaciente ve con buenos ojos que un alcalde 'haga cosas', y aún más que haga cosas que salgan en los periódicos. Menos importante para él es que los ciudadanos de la ciudad participen en ese proceso. ¡Para eso no tienen tiempo!

Madrid para mí es y siempre ha sido una gran ciudad, y no es por nada que la he elegido como lugar para vivir. Me encantan sus gentes, sus calles, su historia, su creciente imagen cosmopolita. Estos siete años se ha convertido en mi hogar. Me inspiraba la Movida, sólo al enterarme de ella a través del cine de Pedro Almodóvar. Me inspiraba sólo pensar en la energía que se debía sentir en estas calles en los años posteriores al franquismo. La Movida era mítica, como los años 60 en Gran Bretaña, pero todavía no entendía hasta qué punto había representado un movimiento a través del cual tantos ciudadanos contribuyeron a construir la ciudad en la que ellos querían vivir. Abrieron centros culturales, auditorios, todo tipo de instalaciones en las que pudieron expresar su libertad a través de la creación artística. Todo se hizo por amor al arte, de forma voluntaria y sin ánimo de lucro.

He hablado con gente que participó en todo ese proceso, que con su esfuerzo, y con su sudor permitieron que la ciudad volviera a cobrar vida. Después continuaron el esfuerzo a través de la función pública, orgullosos de todo lo que habían construido.

Todo esto ahora es pasado. Los centros culturales ahora se están traspasando a manos privadas para que los amigos del alcalde se lucren del trabajo que han hecho los demás. Mientras tanto, cada 4 años el ayuntamiento inaugura sus nuevos túneles, sus nuevos parques, sus nuevas plazas. Pero esta vez sin la participación ciudadana. El futuro eje del Paseo del Prado se decide por consenso entre un alcalde de derechas y una baronesa de no sé qué color. Y encima los ciudadanos le votan. ¿No valdría más pensar un poco, tener ese deseo de participar, de contribuir al futuro de nuestra sociedad? ¿Es realmente tan fácil olvidar de la historia del siglo XX en la que se suprimían todos los derechos? Ahora que se goza de democracia, ¿no debemos pensar dos veces antes de ceder toda esa voluntad de crear una ciudad cívica, y una abierta, al capricho de una persona, por muy pariente del músico Albéniz y de Cecilia Sarkozy que sea? ¿Estamos tan ocupados con nuestros trabajos que estamos dispuestos a que Alberto Ruiz Gallardón gestione la ciudad de Madrid con una actitud tan conservadora y empresarial como si de un parque de ocio se tratase?

No digo que ninguna de las obras de Gallardón haya valido la pena. Hasta los dictadores aciertan en algunas cosas. Pero en la democracia, no se puede permitir que una alcalde paternalista dicte el futuro de sus ciudadanos. Madrid se construyó con la fuerza de los madrileños. Ahora toca más que nada recuperar ese espíritu de la Movida, y reivindicar el papel de la ciudadanía. De verdad, esta ciudad es demasiado importante, significa demasiado para demasiadas personas como para que un alcalde logre con los votos de los propios ciudadanos derechizar todo, privatizar todo, y destruir el alma de la ciudad. Pero no debemos sólo criticar. Debemos actuar, asociarnos a organizaciones ciudadanas, grupos de presión, revitalizar el poder cívico y volver a ganar nuestro espacio en esta, ahora nuestra, ciudad.