sábado, enero 13, 2007

Cómo evitar las estafas de los operadores móviles


A los usuarios de los teléfonos móviles en España nos pasa lo de la pescadilla. Todos queremos cambiar de operador, hartos de que nos tomen el pelo, pero cualquier intento de pasar al otro lado siempre termina en fracaso. Las compañías operan como un cartel para no rebajar los precios, ofrecen un servicio de atención al cliente penoso en el mejor de los casos, y castigan a los usuarios por llamar a teléfonos de otros operadores, aunque no hay manera de determinar a qué operador permanece un número. Es como si Telefónica cobrase tres veces el precio a un usuario de telefonía fija por llamar a un número de Jazztel, aunque el prefijo sea de un teléfono local.

La situación ha llegado a tal punto que resulta más barato llamar a un número fijo en Argentina desde el servicio de Internet de Skype, que llamar a un usuario de un teléfono móvil de la casa de al lado.

Los operadores nuevos no son mejores. Ofrecen precios más rebajados pero todo es para engañarte ya que no te atienden si tienes un problema, sus agentes de atención al cliente trabajan a lápiz, sin disponer de ordenadores o fichas relativas al interlocutor, y en algunos casos, como el de Yoigo, directamente te cobran a tu cuenta bancaria para luego no realizar la portabilidad, quedarse con el teléfono que has comprado, y no devolverte el dinero. Esta compañía es el peor fraude de todos, y le espera el destino que ya le tocó a Air Madrid.

De todas formas, nos queda una solución. Nuestro querido servicio de Correos permite por el módico precio de 30 céntimos, enviar una carta con un peso no superior a 20g a cualquier destino nacional, lo que nos permite escribir bastantes palabras con la alta probabilidad de que lleguen a su destino en uno o dos días. Nos da tiempo para reflexionar más sobre las palabras que escribimos, nos aporta la ilusión de esperar la respuesta unos días después en el buzón de casa, y podemos leer, releer, y archivar la respuesta para futuro recuerdo. Al tratarse de un servicio estatal, sus funcionarios son bastante simpáticos y respetuosos por lo menos por lo que me cuenta la experiencia. Además, a diferencia de los operadores móviles, no explotan a trabajadores en países pobres a través de sueldos de miseria en sus numerosos call centers dispersados por el mundo. En suma, una solución ética, eficaz, económica, y que aporta una experiencia altamente gratificante al usuario.

Desde luego, poder contactar a alguien con sólo pulsar una serie de dígitos en el teléfono tiene sus ventajas. Pero en España primero habrá que esperar que llegue alguna empresa a ofrecer un servicio en condiciones.